Sin marcas

Somos presas fáciles de la mercadotecnia. Los anuncios nos asaltan en la tele, en la calle, en el metro y los autobuses. No podemos escapar. Nos bombardean continuamente con las bondades de tal y cual producto, nos mienten, nos confunden y, sobre todo en el caso de los productos para niños, intentan hacernos sentir culpables para que los compremos, “porque un padre que quiere lo mejor para su hijos, les da siempre XYZ”.

Mentira cochina. Un padre que quiere lo mejor para sus hijos los llena de amor, de cuidados, de besos y de cuentos para dormir. Una madre que quiere lo mejor para sus hijos los alimenta, los acompaña, los viste, los ayuda a crecer y los escucha. Y luego, dependiendo del presupuesto que cada uno tenga, les compra una marca u otra de pañales, un juguete más o menos caro, unos vaqueros de mercadillo o unos de boutique. Qué más dará. Nuestros hijos no nos van a querer por lo que les compremos, aunque eso sea lo que los anunciantes nos quieran hacer creer.

Y al final de cuentas, para qué querremos marcas, si la etiqueta es lo primero que les quitamos de la ropa, porque les pica…


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