Marcas Blancas
1. Aguza el oído. Escucha lo que otros tienen que decir sobre ciertos productos en particular. Si en el súper ves a una señora coger una lata de marca blanca de un producto que habitualmente se consume en tu casa, no te cortes para preguntarle “qué tal va”; te sorprenderá la gran cantidad de información que puedes obtener de las expertas. Lo mismo puedes hacer por otros canales; internet está lleno de páginas en donde se comentan productos de todo tipo y en donde generalmente se pueden hacer preguntas para incidir en aspectos que no hayan sido tratados con anterioridad.
2. Apúntate a las consumiciones gratuitas. De vez en cuando los supermercados (que yo sepa lo hace de manera habitual Mercadona, pero puede que también suceda en otros súpers) ofrecen degustaciones gratuitas de sus productos para que tengas oportunidad de probarlos en vivo y en directo sin pagar un duro. También en Mercadona se organizan charlas informativas a las que podemos apuntarnos para conocer, por ejemplo, sus productos de limpieza, su línea de cosmética, su sección de bebés o su variedad de desayunos en gran profundidad (yo he asistido a estas cuatro). Duran hora y media y sales con una bolsita de muestras gratis. Te lo pasas bien, te dan café y galletitas y te ponen unos vídeos para veas el proceso de fabricación de los productos. Ya sé que no todo mundo tiene tiempo para asistir a esas reuniones, pero siempre podemos comentarlo con nuestras madres o suegras y pedirles que nos cuenten qué tal les ha parecido (y exigirles que repartan el botín, jejeje).
3. Si nuestras alacenas y neveras no han acogido jamás a ningún producto sin apellido, la elección segura para empezar con nuestra carrera de conquista de las marcas blancas es el papel higiénico, las toallas de cocina y las servilletas. Por muy malos que sean, siempre pueden gastarse hasta el final sin demasiada aprensión (o reservárselas al cuñado pesado para sus visitas). Además ya desempaquetados parecerán de Scottex o Colhogar, no hay mucha diferencia…
4. Cuando tengamos el tema celulosa para hogar controlado, podemos pasar a los productos de limpieza de hogar. Lavavajillas, lejía, limpiacristales… no son demasiado caros y si no nos gustan demasiado siempre podremos esperar a terminar la botella. A continuación podrían venir los detergentes, los suavizantes y demás, pero yo recomiendo que primero nos informemos con los vecinos o usemos alguna muestra gratis, porque los paquetes suelen ser enormes y si no los encontramos a nuestro entero gusto podemos gastar mucho dinero innecesariamente.
5. Llegó el momento de pasar al delicado mundo de lo comestible. Aquí ya sabemos que para gustos colores, o sea que aunque nos canten las virtudes de un determinado producto tenemos todo el derecho a que a nosotros nos parezca asqueroso. Por eso mi voto es para que el primer producto que probemos sea uno que se consuma con mucho fervor en nuestra casa: refresco de cola, yogures, leche, pan, café. Como ya nos estamos dejando una pasta en ellos, podemos hacer una pequeña inversión en aras de un presumible ahorro futuro. A mí me ha salido bien: he cambiado la coca cola por la cola del Dia (47 céntimos contra 17), los yogures Danone por los del Dia o Mercadona (1,05 euros contra 54 céntimos el pack de cuatro), la leche de marca por la del Dia (más de 1 euro contra 69 céntimos el litro). Centimito a centimito el ahorro se nota a la semana, al mes y sobre todo al año. ¿Que el producto nos ha salido rana y no hay quien se lo coma? Pues bueno, qué se le va a hacer, en el IBEX 35 también se pierde. Y además, hay ciertas cosas que se pueden reutilizar (en helados, bechameles o croquetas), así que no está todo perdido…
6. Calladitos estamos más guapos. De nuestras incursiones en el mundo de la marca blanca ni una palabra a quienes se sientan a nuestra mesa. Primero se les deja probar, y si se quejan del cambio, hay que preguntarles qué es lo que les parece mal: la textura, el sabor, el aspecto, la presentación. Si la queja es rotunda negaremos cobardemente la evidencia (”¡qué raro, si es el mismo que te serví ayer!”) y procuraremos no volverlo a traer a la mesa; si la queja es imprecisa, podemos decir tímidamente que hemos cambiado de marca, porque ese día en el súper no tenían de la habitual; si no hay queja y siguen comiendo sin novedad, podemos compartir con ellos nuestro hallazgo (con prudencia, porque hay gente que sólo de saber que es una marca blanca deja de comer, aunque le guste); si se muestran entusiasmados, es el momento de presumir, sacar cuentas y demostrarles todo lo que se va a ahorrar en esa casa gracias al consumo de marcas blancas.
7. No sólo de marcas blancas vive el hombre (y la mujer). La leche, los yogures y las coca cola light del Dia; los pañales, el gel de ducha, la pasta de dientes, las empanadillas y los helados del Mercadona; los quesos, los embutidos y algunas latas del LIDL. Pero en mi casa las coca colas son Coca Cola (mi marido no quiere ni ver las versiones más baratas), el champú es Pantene (odio los champús del Mercadona y del Dia, aunque ahora en Mercadona están comercializando una marca “de peluquería” llamada Tresemmé que no está mal) y el maíz Bonduelle (es verdad, es más dulce que los demás). Aparte de estas tres cosas, no somos quisquillosos y tragamos con todo. Cada vez que intento otra vez probar una marca blanca para sustituirlos pierdo dinero, porque suelo terminar tirándolo todo a la basura. Y aún así, no pierdo la esperanza… (pero me pasa cada dos o tres años). En fin, que hay que reservarnos un espacio para satisfacer nuestro gustos más refinados…
8. No esperemos encontrar todo a nuestro entero gusto en el mismo súper. Me dejaba una pasta en coca colas pero las del Mercadona no me gustaban nada de nada. Probé las del LIDL, y tampoco. En fin, que iba a darme por vencida hasta que encontré las del Dia. Me gustan tanto o más que las caras, así que he salido ganando (y más ganaré el día que deje de tomar ese brebaje producto del imperialismo yanki…)
9. Aceptemos las sorpresas agradables y desagradables con deportividad. A veces ya le hemos cogido el gustillo a un producto y de pronto nos lo quitan de los estantes, o le cambian la presentación, el empaque o el sabor. Sí, da rabia, sobre todo porque siendo una marca blanca no puedes ir a otra tienda a comprarlo. Pero en fin, más se perdió en la guerra. En compensación, dejémonos maravillar de vez en cuando por artículos cuya calidad es tan buena que llegamos a preferirlos sobre los originales: a mí que me registren, pero hoy por hoy no hay quién me haga comprar pañales Dodot. Ni con descuentos, ni con muñequitos de regalo; los pañales del Mercadona (marca Deliplus) son mucho mejores, y más baratos. Y la última vez que pusieron en oferta los de la marca LIDL me lancé a probarlos y quedé encantada, así que ya tengo una segunda opción si los del Mercadona me dejan de gustar.
10. Reconozcamos nuestra derrota después de un número de intentos razonables. Si, a pesar de todo, no somos capaces de tragarnos esos calamares en tinta de sepia que eran mucho más baratos que los originales, o simplemente estamos hartos de acumular en nuestra despensa muchos productos que no nos apetece consumir en absoluto, llegó el momento de darnos un respiro, llevar todo a Cáritas y volver por algún tiempo a nuestras antiguas costumbres. Eso sí, me juego la camisa a que esta vez nos costará mucho más gastarnos los cuartos en un artículo que sabemos que podemos conseguir más barato y cuya calidad, a pesar de todo, no es tan excepcional como para compensar la diferencia. Lo lamento, pero el virus de las marcas blancas nos habrá corroído ya por dentro y ya nada volverá a ser igual…
Via Domadoresdeleuro.wordpress.com
Otras ideas parecidas:
Deja un comentario y continua la conversacion.


Al comprar una marca blanca te ahorras algo de dinero, pero también te ahorras en la confianza que siempre depositas en una marca de siempre.
Siempre pierdes calidad ccuando compras marcas blancas.Y eso hay que tenerlo claro. Debemos saber que compramos y que podemos esperar de estos productos.
Debemos saber lo que compramos asi como lo que `podemos esperar de estos productos de marca blanca.