La mejor agua para tu bebé

aguaLos bebés alimentados con leche materna no necesitan beber agua hasta como mínimo los seis meses, que es cuando suelen empezar a tomar alimentación complementaria.

Los alimentados con leche artificial sí la necesitan, evidentemente, porque la leche se prepara con agua, pero no precisan de ella de manera aislada (en vasito, biberón o cuchara) hasta el mismo momento que los lactantes, hacia los seis meses.

La explicación es la siguiente: La leche materna está compuesta en un 88% por agua y la leche artificial, como hemos dicho, se prepara con agua (30 ml de agua por cada cacito de leche) por lo que todos los niños están tomando agua y además en cantidad suficiente.

Una vez inician la ingesta de alimentos más bien salados o secos (carne, pan, galletas…) suelen tener más sed y puede ser un buen momento para ofrecer un poco de agua.

Hemos especificado este tipo de alimentos porque a menudo se empieza a complementar la leche con frutas o verduras y en este caso, al contener todas ellas una cantidad suficiente de agua, los niños seguirán sin necesitarla.

Como con la leche materna y con la leche artificial, la cantidad de agua que necesitan los bebés sólo la conocen ellos. La sed es el mecanismo que les avisa (y nos avisa) de la necesidad de beberla.
¿Y no hay ningún momento en que la necesiten?

Hay dos supuestos en que podrían necesitar algo de agua, en caso de fiebre alta o de diarreas importantes.

En estos casos sí se les puede ofrecer un poco de agua para ayudar a hidratar.

Se han efectuado estudios con beduinos del desierto y no necesitan agua más allá de la que toman con la leche, así que, si ellos que viven en el desierto no la necesitan, nuestros bebés tampoco.

Ofrecer agua a menudo a un bebé puede hacer que, o no la beba, o que sí la beba y que pase a ocupar un precioso espacio en el estómago que estaría mejor ocupado con leche.

Como ya comentamos hace unos días al hablar de las infusiones, dar agua a un bebé puede suponer malnutrirlo, ya que el agua no aporta ningún nutriente.
¿Qué agua es mejor para ellos?

En nuestro medio lo más corriente es elegir entre dos tipos de agua: la del grifo y la embotellada:

El agua corriente está destinada al consumo general de la población, sin embargo la cantidad de minerales presentes en la misma puede ser excesivo para ser consumida por bebés recién nacidos y en algunos casos incluso por los mayores de seis meses.

La calidad o potabilidad del agua del grifo debe cumplir una serie de normas y requisitos y en España está regulada por el BOE (RD de 2003). Sorprendentemente, pese a la regulación, se ha publicado algún caso de no potabilidad en el suministro de importantes ciudades españolas.

El agua del grifo no debe contener bacterias, virus ni parásitos que puedan suponer un riesgo para la salud. No debe contener tampoco mercurio, hidrocarburos, plaguicidas, pesticidas, productos organoclorados ni presentar radiactividad.

El sabor y la “dureza” del agua vienen determinados por la cantidad de minerales que contengan. Las cantidades recomendadas son (en mg/l): calcio 100, magnesio 30, cloruros 25, sulfatos 25, sodio 20, potasio 10, flúor 1 y aluminio 0,05.

El problema es que estas recomendaciones son ya de por sí algo elevadas para lo que un lactante precisa (o puede tolerar) y en muchas comunidades estas cantidades son superadas. Sería preciso informarse de las concentraciones de minerales del agua de nuestra Comunidad Autónoma, y sobretodo de nuestra zona, para ver si son adecuadas para el consumo de los bebés.

El Ministerio de Sanidad y Consumo ofrece la herramienta SINAC (Sistema de Información Nacional de Agua de Consumo) que orienta sobre la calidad de la misma. Sin embargo no especifica los valores que tendríamos que tener en cuenta para saber si el agua es adecuada.

La realidad es que 52 de 106 ciudades españolas, sobretodo de las zonas costeras, tienen agua potable con cifras de sodio superiores a 100 mg/l y esto es, a todas luces, excesivo.

La recomendación sobre el agua del grifo sería, por orden:

* Averiguar cuál es la composición del agua de nuestra comunidad.

* Si es adecuada en cuanto a composición se puede utilizar sin problemas.

* Si no es adecuada sería preferible utilizar agua embotellada con una correcta concentración de minerales.

* Si se decide el uso de agua del grifo ya sea porque es adecuada o por cuestiones económicas se recomienda hervirla durante un minuto (es decir, dejarla un minuto desde que la superficie del agua empieza a hervir) y añadir un minuto cada 1.000 metros sobre el nivel del mar (si vivimos a 1.000 metros sobre el nivel del mar la herviríamos durante 2 minutos, a 2.000 metros durante 3 minutos,…)

* Antiguamente se recomendaba hervir el agua durante diez minutos, sin embargo esto hace que aumente la concentración de los minerales en el agua haciéndola todavía menos adecuada (se multiplica el sodio en 2,5 veces y los nitratos en 2,4 veces).

El agua envasada poco mineralizada (baja en sales minerales) es más segura en este sentido, pero antes de conocer qué marcas de agua son las que mejor se adaptan a las necesidades de los bebés y los niños conoceremos un poco las características de este tipo de aguas.

Las aguas de bebida envasadas están reguladas por una normativa que deben cumplir (Real Decreto de 2002 y 2003 por los que se regula el proceso de elaboración, circulación y comercio de aguas de bebida envasadas).

La normativa indica que las aguas envasadas no pueden contener microorganismos, parásitos o sustancias que puedan causar riesgos para la salud.

Todas ellas son biológicamente sanas y no es necesario hervirlas para preparar el biberón ni para beberlas.

Para saber si son adecuadas o no para los bebés debemos tener en cuenta las concentraciones de sodio, flúor, calcio y nitratos. Ahora explicaremos por qué:

• Sodio: Es la característica principal que hemos de valorar a la hora de elegir el agua. Los lactantes menores de 4-6 meses tienen una capacidad de excreción de sodio limitada. Para evitar una sobrecarga renal de solutos la concentración de sodio en el agua debería ser de menos de 20 mg/l.

A partir de los 6 meses se considera que el riñón es más maduro y es capaz de excretar mejor el sodio. El agua para preparar la fórmula de leche tipo 2 puede contener hasta 50 mg/l de sodio.

• Flúor: En niños menores de 1 año el agua debe contener menos de 0,3 mg/l de flúor y en mayores de 1 año menos de 1 mg/l, para evitar riesgo de fluorosis (mala mineralización del esmalte por excesiva ingesta de flúor).

• Calcio: Las aguas que contienen más calcio son las llamadas aguas duras, sin embargo no se ha demostrado que sean nocivas para la salud del bebé (aunque viendo como dejan la ducha y algunos electrodomésticos asustan, cuanto menos). Dado que los bebés precisan del calcio para el desarrollo de sus huesos, puede ser un componente útil en el agua (a sumar con el calcio que toman con la leche). La cantidad recomendada es de 50-100 mg/l de calcio.

• Nitratos: Los nitratos en los bebés se transforman en nitritos, que oxidan la hemoglobina produciendo metahemoglobina, una célula que no puede transportar el oxigeno a los tejidos (como sí hace la hemoglobina).

Esto provoca cianosis o el conocido como “síndrome del niño azul”, provocado por una falta de oxígeno en los tejidos. Esta enfermedad puede llegar a ser grave si no se tratan los síntomas.

En 2007 Greenpeace realizó una manifestación con muñecos azules cuyo lema fue “Limpien el agua para mí” aduciendo a este problema.

En la siguiente y última entrada sobre el agua podréis ver qué marcas de agua envasadas son las adecuadas para los bebés y niños, aunque con la información que os he dado hoy y la que os dejé en la anterior entrada podéis ejercer de detectives mirando las etiquetas de las botellas.


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