De rebajas
1. Es hora de mirar nuestro armario, probarnos aquella ropa que lleva colgada 3 años y ver si todavía nos vale (al probarnósla y ver cómo nos queda tal vez recordemos de pronto por qué es que no nos la hemos puesto en todo este tiempo). Fuera todo lo que no nos sirve, hay contenedores en las calles para ropa usada (o se puede donar a Cáritas).
2. De lo que nos queda, nos gusta y nos sienta bien hay que ver lo que se puede combinar y hacer una lista (como la de la compra) con las cosas que necesitaremos según nuestros gustos y nuestro estilo de vida. Incluir complementos y ropa interior. Es importante establecer un presupuesto orientativo para no excedernos en el gasto.
3. Con la lista en la mano, hay que hacer una primera visita al centro comercial de nuestra preferencia sin comprar para ver si encontramos en diferentes tiendas alguna cosa que nos pueda servir (reconozco que este paso hubiera sido mejor darlo ANTES de las rebajas, pero este verano ya nos ha pillado el toro).
4. Compra primero lo que tienes en la lista (que será tu fondo de armario) mientras todavía puedas escoger tallas y colores. Intenta cubrir primero lo que llevas anotado antes de dejarte caer en la tentación de pagar una buena cantidad por un artículo “de tendencia” (de esos que pasan de moda en una temporada). Para esos ya habrá tiempo (a mediados de agosto las tiendas rematan las prendas de colores estridentes o escotes imposibles).
5. Aprendamos a distinguir un chollo de una simple rebajilla. La emoción del momento nos puede cegar y convencernos de que aquello que tenemos entre manos es “baratísimo”. Recuerda: si lo necesitas y tiene un buen descuento, entonces es un chollo; si no lo necesitas, aunque salga más barato al final habrás gastado tu dinero en balde. Eso sí, si damos con algún chollo irrepetible (un 70 u 80 por ciento de descuento en una prenda que nos encante, aunque no esté en la lista) adelante, no dejemos pasar la oportunidad; pero en general es mejor no comprar lo primero que vemos sobre todo si la tienda en cuestión tiene una política de devolución poco generosa (como las que te regresan el importe con un vale, por ejemplo).
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