Cuidado con las tarjetas de crédito
El estadounidense medio tiene ocho tarjetas de crédito y, a medida que los precios de los productos de necesidad diaria siguen aumentando, estamos usando el crédito no sólo para compras discrecionales (como entradas de cine y salir a comer) sino con el fin de pagar los gastos necesarios para vivir (como gasolina y alimentos). Como los estadounidenses tienen mayor acceso al crédito, pueden obtener mayores límites de crédito y son seducidos con programas para utilizar el crédito con mayor frecuencia (es decir: programas de recompensa), puede ser fácil comenzar a considerar, y a usar, el crédito como un suplemento siempre disponible del ingreso regular para llegar a fin de mes.
El peligro de usar el crédito en forma habitual y de acumular deuda en las tarjetas de crédito es que esto genera un ciclo difícil de romper. Cuando una persona o una familia comienza a utilizar el crédito para cubrir el hueco económico entre su ingreso y los gastos diarios, por lo general, comienza a refinanciar el saldo vencido ya que no pagan el monto completo cada mes. Según el Pew Research Center, en 2007, casi el 60% de todos los adultos estadounidenses usaron sus tarjetas de crédito para gastos comunes y el 30% recurrieron al crédito con regularidad para hacer pagos cuando se “quedaban sin dinero”. Menos de un 25% paga su cuenta de tarjeta de crédito en su totalidad cada mes, lo que significa que un 75% de todos los estadounidenses que usan su tarjeta de crédito para hacer compras cuando se quedan sin dinero en efectivo están acumulando deuda, y con frecuencia pagan una tasa de interés alta por ello.
El manejo de la dependencia del crédito cuando la vida cambia
Si bien usar una tarjeta de crédito puede ser más cómodo que librar un cheque o tomarse un momento en el cajero automático para extraer dinero en efectivo, usar el crédito como una fuente suplementaria de efectivo puede convertirse en un hábito caro que puede crear una restricción aun mayor en el presupuesto de una persona o familia si las circunstancias de la vida, o circunstancias económicas más importantes, cambian repentinamente.
Por ejemplo, considere el caso de Ann y Kevin, casados, en sus cuarenta y con tres niños. El saldo de sus tarjetas de crédito es modesto, tienen ahorrada una pequeña cantidad de dinero y participan en los planes de ahorro jubilatorio 401(k) de su empleador. Sin embargo, cuando a Kevin lo despiden inesperadamente de su trabajo, la familia está desprevenida en el aspecto económico. Incluso con el seguro de desempleo y una pequeña indemnización, la pérdida de su trabajo reduce el ingreso de la familia en casi un 60%. Ann y Kevin recurren a sus ahorros rápidamente para pagar la prima del seguro de salud (ya que los cubría el empleo anterior de Kevin) y se encuentran de repente ajustados de efectivo y obligados a usar el crédito incluso para gastos pequeños de todos los días como el copago en el consultorio del doctor, los alimentos y el combustible. Como ya estaban utilizando el crédito para complementar su ingreso antes del despido, el crédito se volvió aun más esencial en el presupuesto básico de la familia luego de la cesantía.
Mientras la familia lucha por reducir los gastos y busca maneras de aumentar el ingreso, también enfrentan “pagos mínimos de saldo” mayores. Eso es porque ahora el gobierno exige que las empresas de tarjetas de crédito se aseguren de que los titulares de las tarjetas paguen un monto mínimo mensual igual al interés, las tarifas, los gastos extras y al menos el 1% del monto principal vencido. A menos que la familia reduzca sus gastos de manera significativa o pueda reemplazar rápidamente el ingreso completo de Kevin, le será difícil evitar acumular con rapidez la deuda de tarjeta de crédito con intereses altos.
Una de las consecuencias más graves de utilizar el crédito durante un período de caída o transición económica es que lo pone a usted en posición de tener que encontrar tarde o temprano formas de ahorrar para pagar el saldo y el interés acumulado; y también significa que mientras usa el crédito no está ahorrando dinero para necesidades futuras. Retrasar el ahorro implica menos tiempo para que su dinero cree ingresos para usted por medio de inversiones, como certificados de depósito, fondos de bonos, fondos comunes de inversión, acciones, etc.
Precios en aumento, menos opciones económicas
No son sólo familias que han sufrido una pérdida inesperada de empleo las que están recurriendo al crédito para llegar a fin de mes. Con el aumento actual de los precios del combustible y la comida, más y más familias estadounidenses ven que su ingreso no rinde tanto como antes. Se enfrentan a decisiones difíciles acerca de pagar deudas de tarjeta de crédito con intereses altos o continuar controlando el monto de sus saldos porque necesitan usar el crédito para pagar las cuentas que antes cubría su ingreso regular.
Por el aumento de precios y los salarios estancados más personas se encuentran viviendo cerca de su “borde” económico. Antes de la actual retracción crediticia, los estadounidenses tenían más opciones cuando se acercaban al borde de su “margen” económico (el espacio entre donde alguien se encuentra y su límite económico). Los propietarios de hogares que antes habrían recurrido al patrimonio de su hogar refinanciando y tomando una parte del valor de su propiedad, o por medio de un préstamo hipotecario o una línea de crédito, se están dando cuenta cada vez más que los prestadores no están otorgando tantos préstamos y que las exigencias para acceder a un préstamo son más difíciles de cumplir.
Si bien los prestadores están otorgando menos préstamos hipotecarios y personales, continúan comercializando tarjetas de crédito, enviando por correo más de seis mil millones de solicitudes al año a hogares en los EE.UU. Y los estadounidenses están respondiendo a esas ofertas: en sólo un año, entre 2006 y 2007, la cantidad de tarjetas emitidas aumentó casi un 8%. Desde fines de 2007, el “crédito renovable”, las tarjetas de crédito que le permiten renovar los saldos cada mes, ha crecido considerablemente más rápido que las deudas con interés fijo (es decir, préstamos con monto fijo como préstamos para automóviles, para viviendas, etc.) lo que significa que los estadounidenses están utilizando el crédito con mayor frecuencia que en el pasado.
A las familias que no pueden recurrir a los ahorros o un patrimonio, les quedan pocas opciones aparte de las tarjetas de crédito, que habitualmente tienen tasas de interés más altas que los préstamos personales o hipotecarios. Según el estudio “La red de seguridad plástica” del Center for Responsible Lending (Centro de Préstamos Responsables) y DEMOS, 7 de cada 10 hogares de ingresos bajos y medios informaron que usan sus tarjetas de crédito como redes de seguridad, por lo que dependen del crédito para pagar gastos básicos para vivir, gastos médicos, reparaciones de automóviles y de la casa.
Hasta las tarjetas de cargo están cambiando
Las tarjetas de crédito les permiten a los titulares refinanciar el saldo vencido de un período de cobro al siguiente. En el pasado, quienes tenían tarjetas de cargo (una tipo específico de tarjeta de crédito) como American Express debían cancelar el saldo completo cada mes. Sin embargo, las tarjetas de cargo están permitiendo con mayor frecuencia que la gente refinancie su saldo, muchas veces con una tasa de interés más alta que si el saldo venciera en una tarjeta de crédito. Por ejemplo, American Express ofrece ahora varias tarjetas que permiten a sus titulares refinanciar sus saldos vencidos.
Las implicaciones pueden ser significativas para personas que posean tanto tarjetas de cargo como de crédito. Aunque en el pasado hayan sido diligentes para cancelar su tarjeta de crédito en su totalidad cada mes (porque les suspenderían la cuenta si no lo hacían) ahora tienen otra línea de crédito alternativa a la que recurrir para cubrir los gastos, y pueden tentarse de acumular aun más deuda para lograrlo.
Cambiar su forma de pensar en relación con el crédito para los gastos diarios
Si está cubriendo agujeros económicos por medio del crédito como fuente complementaria de ingreso es importante recordar que, a diferencia del ingreso, no es una fuente siempre disponible de dinero libre sino un préstamo. Cada vez que utiliza el crédito está, en esencia, tomando un préstamo y se le exigirá que le pague ese dinero a quien se lo prestó. Si no paga el monto total a la fecha de vencimiento deberá abonar intereses (dinero adicional) por usar ese crédito y posiblemente otras tarifas y tasas de penalización.
Además, una vez que se comienza a usar el crédito como vía de extensión de la capacidad de gasto cuando no se dispone de dinero en efectivo, puede ser difícil evitar la espiral descendente de acumulación de deuda. El estudio de DEMOS mostró que los hogares de ingresos bajos y moderados tienen en promedio una deuda de $8.650 de tarjeta de crédito y que el 59% de los deudores de tarjeta de crédito han tenido deudas crediticias por más de un año, con una duración promedio de más de tres años y medio.
Si usted utiliza tarjetas de crédito con habitualidad, no paga el total del saldo cada mes y ha estado pensando en estas tarjetas como ingreso para:
* servir de complemento a su ingreso real,
* reemplazar lo que no gana o
* cubrir el hueco entre su ingreso y lo que necesita ganar para pagar los gastos
* revise los resúmenes de tarjeta de crédito de los últimos tres a seis meses y determine:
* ¿qué tipo de compras hizo con la(s) tarjeta(s)? ¿Eran principalmente discrecionales, es decir cosas que no necesita realmente o eran en su mayoría compras y pagos esenciales (como hipoteca/renta, cuota del automóvil, alimentos, servicios, salud, etc.)?
* ¿podría haber pagado en efectivo todos los gastos necesarios para vivir?
* ¿con qué frecuencia diría que utilizó sus tarjetas de crédito para llegar a fin de mes?
* ¿cuánto interés le han cobrado por mantener un saldo?
* ¿cuánto ha crecido su saldo en los últimos seis meses?
* ¿tiene algún plan para cancelar los saldos actuales de sus tarjetas de crédito?
* ¿tiene un plan para continuar haciendo pagos con su tarjeta de crédito o pagar compras y servicios que ahora está cubriendo con crédito si usted o su familia perdieran de repente una o más fuentes actuales de ingreso?
Para asegurarse de que está utilizando sus tarjetas de crédito de manera sensata como parte de su plan económico personal, tenga en cuenta los siguientes consejos:
* cree un presupuesto personal o familiar y luego compare sus niveles de gasto usando crédito con lo que podría pagar según el ingreso que figura en su presupuesto, teniendo en cuenta, sin embargo, que se predice que ciertos costos van a seguir subiendo, como los alimentos y el combustible
* escriba cuánto acumula actualmente de deuda de tarjetas de crédito, cuánto está pagando por intereses de esa deuda y luego use su presupuesto para determinar qué gastos podría reducir para liberar ingresos y comenzar a pagar, y con el tiempo cancelar, su deuda.
* compare su gasto mensual con tarjeta de crédito y lo que ahorra por mes en la actualidad para proyectos a corto o largo plazo.
* considere formas de incrementar su ingreso con trabajos por horas, trabajos por temporada o turnos/responsabilidades adicionales en su empleo actual.
* analice con su pareja, su cónyuge o su familia la necesidad de recortar gastos discrecionales (no esenciales) y la necesidad de ahorrar parte del dinero para crear un amortiguador financiero para las necesidades inmediatas o a largo plazo.
* establezca una meta para limitar el uso de la tarjeta de crédito y trabaje, a la vez, para hacer progresos en otras áreas de su vida económica como crear un fondo de ahorros de emergencia, participar en el plan de ahorros jubilatorio 401(k) de su empleador.
Sea conciente de la manera en que considera y utiliza las tarjetas de crédito. ¿Está usando tarjetas de crédito en forma crónica porque no tiene dinero para pagar los gastos diarios para vivir? Es hora de mirar con detenimiento su presupuesto y determinar dónde podría hacer recortes y/o cómo incrementar su ingreso. Si bien puede haber momentos en los que sea necesario refinanciar el saldo de la tarjeta de crédito, usar el crédito con regularidad por no tener dinero es un hábito caro del que puede ser difícil y costoso deshacerse y que también puede limitar mucho sus ahorros futuros y su potencial de inversión para metas importantes en su vida.
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